Vivir en un mundo de fantasía. A quién no le gustaría, donde todo lo que quieres se hace realidad. Parece un sueño, pero mejor aún, porque tú eres quién lo dirige. Suena interesante, pero no siempre funciona así. La realidad es más dura, y generalmente opera de manera opuesta. Habrá alguna forma de que todo salga perfecto, tal como fue planeado. Bueno, tal vez sí, pero quien lo descubra es un genio, y claramente, el hombre más feliz del mundo. Pero, ¿será realmente el hombre más feliz? Una vida que no te sorprende, puede no ser tan entretenida…
El misterio tiene encanto. El no saber tiene ese dejo de esperanza: de que todo puede salir bien, o mal. Por eso no se sabe si fue buena idea, o mala, que la esperanza haya quedado adentro de la caja de pandora. Nunca hay que perder la esperanza, y hay que saber ser realista, en el momento adecuado. Identificar el momento es lo difícil. Soñar con que todo puede salir bien es bonito, y optimista. Pero como las personas no saben, se esfuerzan, para que así sea. Si uno sabe que va a salir bien, no vale la pena esforzarse. Pierde la gracia, ya que el luchar por lo que uno desea puede ser incluso más valioso que el objetivo ganado.
El misterio también es tormento. Cuando las personas no saben qué va a pasar, y tienen miedo del desenlace de la historia, generalmente se angustian. Esto hace que no actúen racionalmente (no siempre), y todo se vuelve más confuso. El pánico puede paralizar a las personas. Algunos se pueden volver pesimistas respecto al futuro. Lo ideal es encontrar un equilibrio entre ambas cosas: aceptar el futuro que viene con dignidad, y tratar de sacar lo mejor de él. Claramente, es más fácil decirlo que hacerlo, pero la intención sí cuenta.
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