A veces cuando va a ocurrir algo tan bueno en la vida de una persona, todo se vuelve irreal. Pareciera que se vive en un sueño; uno tiene miedo de despertar y de que todo desaparezca. Es normal, porque generalmente no pasan cosas tan increíbles. Por ejemplo, el tema de un viaje. Ganaste un premio para ir una semana a X. Sueñas con eso varias veces, pero no te crees que sea verdad. Sabes que se supone que va a ocurrir, aunque tratas de no hacerte tantas ilusiones, con susto de que sea una broma de mal gusto. Puede ocurrir en muchas ocasiones. Otro caso: finalmente la persona que te gusta te invita a salir. Te invitó hace una semana, pero recién el día anterior te das cuenta de que en realidad vas a salir.
No sé si le pasa a todo el mundo, tal vez sea a una minoría. Lo que sí sé es que me pasó a mí. Hace dos semanas mi papá me dijo que podía acompañarlo a un viaje de negocios (aunque yo viajaría después que él). Recién ayer, conversando con unas amigas, me di cuenta de que, en realidad, me voy a USA mañana. Es difícil de explicar. Es algo tan excepcional, que no es fácil de "digerir". El pasaje está comprado desde hace un tiempo, pero de todas formas, no me había detenido a pensar que me voy. Es extraño y feliz.
Ahora que lo pienso, creo que se relaciona con un pensamiento, generalmente inconsciente, de pesimismo como defensa. Es mejor bajar las expectativas respecto a algo, para evitar decepciones. Por ejemplo, si esperabas una nota muy alta en una prueba, y te sacas una baja, sufres una decepción. Pero, si siempre pensaste que sacarías mala nota, de alguna forma uno se prepara para la mala calificación, y es más fácil aceptarla, en caso de que ocurra. En caso de obtener una buena nota, entonces, como las expectativas estaban bajas, no sólo no te decepciones, sino que lo percibes como algo inesperado y bueno, y es mayor la felicidad. Al tener expectativas más bajas, si se materializan, entonces ya se está preparado, y no te decepcionas. En caso contrario, si los resultados son mayores a las expectativas, te pones feliz.
Tal vez eso me pasaba a mí. No había querido preparar mis cosas para irme –todavía no lo hago–, porque tenía miedo que en algún momento alguien me dijera que se canceló el viaje, o algo así, ya que era increíble –literalmente– para mí que me iba. Cuando se lo comenté a mi papá opinó que era ridículo, pero bueno, así fue. Lo bueno es que sí me voy, y al parecer, nada va a ocurrir que me impida ir. Sólo me queda pasarlo muy bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario